Stekelman + Bigonzetti: De la oscuridad a la luz
Bailando en la oscuridad. Coreografía: Ana María Stekelman. Música original: E. Rudnitzky, J. P. Adams, y otros autores. Diseño sonoro: Edgardo Rudnitzky, sobre original de José Luis Díaz. Reposición de vestuario y elementos escenográficos: Jorge Ferrari y Analía Morales, sobre diseño original de Gioia Fiorentino. Diseño de iluminación: Alberto Lemme, sobre diseño original de Ernesto Diz.
Rossini cards. Coreografía:
Mauro Bigonzetti. Reposición coreográfica: Vincenzo Capezzuto. Música:
Gioachino Rossini. Diseño de vestuario: Helena Medeiros. Diseño de iluminación:
Carlo Cerri. Reposición de vestuario: Laura Parody. Reposición escenográfica:
Soledad D'Addezio. Asistencia en la reposición lumínica: Alberto Lemme.
Ballet contemporáneo del Teatro San Martín. Dirección: Andrea
Chinetti. Codirección: Diego Poblete. En el Teatro Presidente Alvear, el martes
31 de marzo. Próximas funciones: 8, 9 de abril a las 20 horas, y del 7 al
24 de mayo, de jueves a domingos a las 20 horas.
En este segundo programa del año, el Ballet
Contemporáneo del Teatro San Martín repuso “Bailando en la oscuridad”, obra que
fue parte del homenaje a Ana María Stekelman montado el mes pasado. Se trata de
una pieza atemporal, que permite el lucimiento de una multiplicidad de
bailarines en diferentes personajes que
fue oportunamente reseñada.
A continuación, el nuevo aporte del coreógrafo romano Mauro Bigonzetti al repertorio del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín no puede ser más auspicioso. Como su “Cantata”, “Rossini cards” es una obra para ver todos los días. Este homenaje al cisne de Pesaro destila humor, destreza y pasión. La ilimitada creatividad de Bigonzetti para armar microjuegos dramáticos en forma de ‘postales’ rossinianas comienza con una larga mesa donde sincronizadísimos comensales grafican coreográficamente el canto silábico, los famosos ‘dolores de cabeza’ y las confusiones del sexteto de “La cenerentola” (Siete voi? Questo è un nodo avviluppato). El banquete continúa con un magistral dúo a cargo de Ivana Santaella y David Millán, que cambia diametralmente la estética. Esa ductilidad característica de Bigonzetti se identifica con las partituras de Rossini, que transitan momentos inquietantes como el segundo movimiento de la Sonata para cuerdas Nº 2, para despejar las turbulencias con la alegría del tercero casi sin solución de continuidad. El coreógrafo juega a desarmar la técnica clásica, pero utilizándola en su plenitud en una variación femenina en puntas (impecable Camila Arechavaleta). Previa receta de maccaroni alla Rossini recomendada con simpatía por Andrea Pollini, el dúo de Antonella Zanutto y Daniela López sale airoso de las dificultades propuestas por Bigonzetti, tanto como solistas como en el inusual trabajo femenino de partenaire. La habilitación del proscenio del Alvear juega a favor de la cercanía del espectador con los intérpretes, y permite utilizar con imaginación los dispositivos lumínicos requeridos por la obra.
El gran final -con toda la compañía ataviada con la característica boina con que alguna vez se retrató al compositor- pone a prueba el dinamismo de estos magníficos bailarines. Los triunfantes compases de la obertura de La gazza ladra, con humorístico canto de los intérpretes incluido, es una fiesta donde la minuciosa musicalidad de la coreografía configura un energizante homenaje a Rossini y a la insuperable vitalidad de su obra.
Patricia Casañas



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