“El aplauso final” no siempre es un adiós para Iñaki Urlezaga y Julieta Paul

El aplauso final. Espectáculo coreográfico con Iñaki Urlezaga, Julieta Paul, Bautista Parada, Caroline Queiroz y elenco. Orquesta Sinfónica Municipal de Florencio Varela. Dirección: Darío Domínguez Xodo. Solista en piano: Ulises Damián Belén. Dirección artística: Iñaki Ulrlezaga. En el Teatro Ópera, el domingo 27 de septiembre.

Saludo final de Iñaki Urlezaga (Foto: Guillermo Genitti)

Integrante de una generación que llevó bien alto el estándar de la danza argentina por el mundo, Iñaki Urlezaga siempre sumó a su impecable desempeño la inquietud por transitar el escenario de distintas maneras. Como coreógrafo o como director de compañía, el bailarín platense abordó impetuosamente ambas actividades durante su carrera y lo sigue haciendo ahora, ya retirado, posibilitando además el desarrollo de nuevas generaciones de bailarines.

El aplauso final estuvo compuesto de dos secciones bien diferentes. La primera fue una breve gala con coreografías de Urlezaga: el pas de deux de Sylvia y el de Romeo y Julieta, con correctas actuaciones de Alice Inuy, Esteban Schenone, Cecilia Esteban y Lisandro Casco. Luego de La muerte del cisne, el clima se transformó con el dúo final de La traviata interpretado por Julieta Paul y Bautista Parada, ambas primeras figuras del Ballet Estable del Teatro Argentino de La Plata. Y aquí cabe una reflexión sobre el título de la velada y su relación tanto con Urlezaga como con Paul. Ese aplauso final resuena todavía desde la despedida del bailarín en 2018 con su último Romeo y Julieta en el Teatro Colón, y ahora se acerca a Julieta Paul, una bailarina aún espléndida tanto en lo técnico como en lo dramático que hace de cada actuación una lección de presencia escénica.

Excelente Julieta Paul en "El aplauso final" (Foto: Guillermo Genitti)

De eso se trató El aplauso final, la coreografía de Iñaki Urlezaga que concibió sobre el segundo Concierto para piano de Rachmaninov pensando en esos adioses, en ese telón que nunca baja del todo para quienes la danza es sinónimo de pasión e historia de vida. El propio Urlezaga encarnó al arquetípico coreógrafo obsesionado con la perfección, e incluso se animó a marcar (o no tanto) algún salto y a encarar una diagonal de deboulés que lo mostró aún en forma y con la elegancia que siempre lo caracterizó. Pero la protagonista de la noche fue esa primera bailarina madura, consciente de la cercanía de su última función, dispuesta a brillar con calidad y belleza hasta el final, personificada con total entrega por Julieta Paul junto a Bautista Parada, excelente partenaire. El conjunto de jóvenes bailarines se plegó con simpatía a la dramaturgia ideada por Urlezaga y abordó con justeza las dificultades de la coreografía, en especial el conjunto masculino al comienzo del último movimiento del concierto.

Jóvenes bailarines para la coreografía de Urlezaga (Foto: Guillermo Genitti)

Es siempre bienvenida la inclusión de una orquesta en vivo, aunque la innecesaria amplificación haya hecho desaparecer los planos sonoros, unificando volumen y realzando algunas imperfecciones en los ataques. Más allá de esto, la atinada dirección de Darío Domínguez Xodo llevó adelante con precisión al conjunto de Florencio Varela, destacándose la notable interpretación del joven pianista (14 años) Ulises Damián Belén.

Patricia Casañas


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