"El lago de los cisnes": dos aguas distintas

 El lago de los cisnes. Ballet en cuatro actos. Coreografía: Raúl Candal, según Marius Petipa y Lev Ivanov. Música: Piotr I. Chaikovski. Escenografía: Christian Prego. Vestuario: Aníbal Lápiz. Iluminación: Rubén Conde. Bailarín invitado: Emmanuel Vázquez (Ballet de Santiago). Ballet Estable del Teatro Colón. Dirección: Julio Bocca. Orquesta Estable del Teatro Colón. Dirección: Nicolette Fraillon.

Ayelén Sánchez y Emmanuel Vázquez en el Acto II de "El lago de los cisnes" (Foto: Carlos Villamayor)

Abrir la temporada con un superclásico como El lago de los cisnes implica algunos desafíos. La eterna historia de la princesa convertida en cisne por un malvado mago -que además se ocupa de causar la involuntaria traición del príncipe cuyo amor iba a salvarla del maleficio- transita habitualmente los escenarios mundiales, dando versiones a menudo antológicas. Las localidades agotadas para las once funciones en el Teatro Colón hablan del interés que concita esta obra maestra del ballet académico, siempre disfrutable por su historia llena de magia, su magnífica música y el atrapante contraste de sus cuatro actos. Con la compañía recién llegada del receso estival, hay que redoblar los esfuerzos para poner a punto al cuerpo de baile y elaborar las interpretaciones individuales de los múltiples personajes de la obra en los también numerosos repartos previstos, algo que para un elenco como el del Colón no debería, en principio, implicar ningún riesgo.

Raúl Candal, recordado intérprete de Sigfrido en su brillante carrera como primer bailarín del Teatro, tuvo a su cargo la versión coreográfica; se trata de aquella con la que Julio Bocca -actual director de la compañía- se despidió de la danza en 2007, lo cual justificaría la elección. Más allá de los discutibles cortes (entre ellos los valses de los actos I y III) que a menudo debilitaron la acción dramática, la versión no logró alcanzar trascendencia. Tampoco lo hicieron las interpretaciones: Ayelén Sánchez, debutando aquí formalmente como primera bailarina a pesar de haber asumido protagónicos desde hace años, cumplió con el aspecto técnico requerido por el doble rol de Odette (cisne blanco)/ Odile (cisne negro) sin demasiada profundidad dramática. Se extrañó cierta nobleza en la actuación como el príncipe Sigfrido de Emmanuel Vázquez, argentino que hoy revista como primer bailarín en el Ballet de Santiago (Chile). La simpatía y virtuosismo de Yosmer Carreño como el Bufón, la elegancia de Analía Sosa Guerrero como la Reina madre, y la exacta sincronización de las bailarinas del pas de quatre (Yoshino Horita, Caterina Stutz, Stephanie Kessel y Magdalena Cortés) resaltaron dentro del correcto cuadro de solistas, mientras que en el cuerpo de baile se vieron marcadas falta de estilo y desajustes en los actos blancos. Resultaron coloridas y bien bailadas, en cambio, las danzas de los cortejos de las princesas del acto III.

El legendario pas de quatre del Acto II (Foto: Carlos Villamayor)

Llamó la atención la desmesurada velocidad con que la Orquesta Estable, liderada por la australiana Nicolette Fraillon, atacó en general la espléndida partitura de Chaikovski, desmesura que si bien impidió apreciar matices y acentos, no logró empañar la solvencia del concertino Freddy Varela Montero en los solos de los actos II y III.

La falta de anuncio de los cambios operados en el reparto (entre ellos, nada menos que el protagónico femenino) constituyó una inadmisible omisión que, esperamos, se haya subsanado en las funciones posteriores.

La pareja protagónica en el Acto III (Foto: Carlos Villamayor)

Paralelamente a las funciones del Ballet Estable, se presentó también en la sala principal la primera entrega del ciclo El Colón para niños. Con acertado criterio, desde hace algunas temporadas se incluyen en este ciclo versiones acortadas –aproximadamente una hora- de los ballets que integran la temporada de la compañía. Esto permite utilizar la escenografía ya montada y foguear a los alumnos de la carrera de Danza y a los músicos de la Orquesta Académica, a la vez que fomenta la formación de nuevas audiencias. A los ensayos generales, además, concurren alumnos de instituciones educativas oficiales y privadas, con lo cual se completa un círculo virtuoso que apunta a fortalecer los vínculos entre el público y los futuros artistas. En este abreviado Lago pudo verse a un conjunto de jovencísimos bailarines asumiendo con empeño las complejidades coreográficas de una adaptación inteligentemente realizada por Sabrina Streiff, regente de la carrera de Danza. Caterina Graciani y Gerónimo Mitre encarnaron a la pareja protagónica con limpieza técnica y muy buen trabajo dramático, y sobresalió la seguridad y carisma de Milena Losinno como Odile. Un cuidadoso trabajo de coordinación se vio en los desplazamientos de los cisnes, evidenciando estudio y disciplina. La Orquesta Académica honró la compleja partitura de Chaikovski, guiada con seguridad por Pablo Bocchimuzzi, destacándose el impecable solo de Gala Almirón en oboe.

Hasta el domingo 22 de marzo pueden navegarse las aguas de estos dos Lago de los cisnes, que proponen maneras diferentes de acercamiento a esta obra inmortal.

Patricia Casañas




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