Juventus Lyrica: una Butterfly lograda

Madama Butterfly. Ópera en tres actos de Giacomo Puccini. Libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa. Dirección musical: André Dos Santos. Dirección de escena: Ana D’Anna. Reparto: Monserrat Maldonado, Ramiro Pérez, Daniela Prado, Alfredo Martínez Torres, Jerónimo Vargas Gómez, Mario De Salvo, Santiago Delpiano, Natacha Nocetti, Nicolás Tumini, Natalia Bereskyj, María Paz Parra Araya, Sol Risé, Ramiro Brandan, Chander Covello, Sofía Bereskyj, Giorgio Zamboni. Coro de Juventus Lyrica. Director: Pablo Manzanelli. Juventus Lyrica. Teatro Avenida. Función del 7/6/2026. 

Monserrat Maldonado (Cio-Cio San) y Daniela Prado (Suzuki), en pleno dramatismo. Foto: Liliana Morsia / Gentileza Prensa Juventyus Lyrica

Tratándose de Juventus Lyrica, la compañía existente con más trayectoria en la ópera independiente del país, no es necesario justificar la elección de un título tan conocido y a la vez tan entrañable como Madama Buttterfly de Puccini. Porque el objetivo al cual Juventus ha permanecido fiel a lo largo de más de un cuarto de siglo ha sido -y sigue siendo- mostrar el talento de las nuevas generaciones de artistas que convergen en ese complejo producto llamado ópera, y acercarlo al público.

Si algo permanece en este proyecto en la figura de Ana D’Anna, recreadora de esta propuesta desde el plano escénico, que incluye, como detalla el programa, la dirección de actores y la puesta en escena. Su propia nota en el programa de mano señala como fuente de inspiración un haiku de Kobayashi Issa (que infiere del revoloteo de la mariposa la desesperación de este mundo, pero que también juega con ese símbolo del alma que se desprende del cuerpo) y la propia época del poeta (a caballo entre el siglo XVIII y el XIX), el periodo Edo al cual pertenecen, según informa D’Anna, las imágenes de Maruyama Okyo que pueblan la escenografía.

Si los decorados puedan presentar un previsible estatismo, siempre dentro de la tradición de lo que espera verse en esta ópera (sombrillas, la luna, algún panel móvil, el infaltable catalejo), la marcación y el movimiento de actores y de las escenas grupales resultaron, en general, muy eficaces para un escenario como el del Avenida.

Pero quizás el punto central de esta producción pase por el protagónico a cargo de la soprano Monserrat Maldonado, quien exhibió aquí un canto de altísimo nivel, tanto por la precisión técnica, como por el fraseo y la composición del personaje, logrado casi exclusivamente con la voz, como corresponde en el género. A igual nivel rayó la Suzuki de Daniela Prado, con voz bien timbrada en la parte baja del registro y notable solvencia en el decir. Complejo el tema de la elección del  tenor en Butterfly, pero aquí el Pinkerton de Ramiro Pérez, integrante del Coro Estable del Teatro Colón, mostró un registro entero, capaz de sortear las dificultades de un partitura que en el dúo del final del pimer Acto alcanza su culminación.

Fue estupendo el Bonzo de Mario De Salvo, también eficaz el Sharpless de Alfredo Martínez Torres, con una emisión menos pulida, si se quiere, pero de buena proyección vocal, y discretas las intervenciones de Santiago Delpiano (Goro), con alguna sobreactuación seguramente marcada, y el Yamadori de Jerónimo Vargas Gómez, junto a los restantes comprimarios. El Coro cumplió  una faena lograda bajo la guía de Pablo Manzanelli, respecto del que solo cabría preguntarse el motivo -ya generalizado- por el cual no se oye como bocca chiusa el famoso pasaje de cierre del segundo acto.

La boda del primer acto entre Pinkerton (Ramiro Pérez) y Butterfly (Monserrat Maldonado). Puesta en escena de Ana D'Anna. Foto: Liliana Morsia / Gentileza Prensa Juventus Lyrica.

Dirigida con destreza y precisión por el brasileño André Dos Santos, la orquesta ad hoc dejó oír a muchos valores jóvenes, como la concertino de Sol Durán, muy afinada en los solos. Al mismo tiempo se oyó lógicamente reducida en la cuerda (el foso del Avenida manda) mientras la percusión, ubicada en ambos palcos avant scène, se destacó con algún desequilibrio de planos. Ello al margen de que Madama Butterfly es un título que admite una visión camarística, desde que el experimentado Héctor Panizza imaginó esa posibilidad y la plasmó en papel con anuencia del autor.

Por encima de todo lo señalado, lo central de esta nueva producción de Madama Butterfly es la experiencia operística que logra, entre un público que colmó la sala y un elenco que se advierte homogéneo y comprometido. Como suele suceder también en el Argentino de La Plata, ésta de Juventus Lyrica podría definirse como una experiencia operística plena, para disfrutar y profundizar sin pretensiones innecesarias. En suma: un convivio que dio calidez a una destemplada tarde de domingo y que llegó con ese sentido de encuentro que solo el teatro y la música son capaces de generar.

Daniel Varacalli Costas

 

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