Jakub Orlinski e Il Pomo d’Oro: el concierto del futuro

Beyond (Más allá…). Il Pomo d’Oro. Jakub Józef Orlinski, contratenor. Obras de Claudio Monteverdi, Biagio Marini, Giulio Caccini, Girolamo Frescobaldi, Johann Caspar Kerll, Barbara Strozzi, Francesco Cavalli, Carlo Pallavicino, Giovanni Cesare Netti, Antonio Sartorio, Adam Jarzebski, Sebastiano Moratelli. Función del 24/8/2026. Mozarteum Argentino. Teatro Colón.

Jakub Orlinski, con su capa, rodeado por los músicos de Il Pomo d'Oro: arte total. Foto: Liliana Morsia / Gentileza Prensa Mozarteum Argentino

Hace más de treinta años, quien esto escribe escuchó por primera vez en vivo a un contratenor. Fue en Londres y se trataba del alemán Jochen Kowalski. Nunca olvidaré el murmullo de asombro que surgió del público del Barbican cuando oyó esa voz tan particular salir de un cuerpo masculino. Mucha agua pasó bajo el puente desde entonces; tanta que hoy el polaco Jakuk Józef Orlinski logra que el público cante con él… hasta que llegan las coloraturas, claro, y entonces los asistentes se entregan a una risa tan educada como espontánea.

Gracias al Mozarteum Argentino y a su extraordinaria temporada 2026, podemos disfrutar de un elenco actualizado de artistas internacionales que nos abren la mente a lo que puede hacerse hoy con y desde la música. Porque la propuesta de Jakub Orlinski es, en primer término, de altísimo nivel musical. Junto a Il Pomo d'Óro, un ensamble de 10 músicos con instrumentos de época, predominantemente de cuerdas, Orlinski recorre desde autores establecidos como Monteverdi, Cavalli o Frescobaldi, pasando por otros que raramente se escuchan como Barbara Strozzi o Giulio Caccini, hasta revelar en una verdadera arqueología sonora a autores como Giovanni Cesare Netti o Sebastiano Moratelli, que nos confirman, una vez más, que el Barroco fue una verdadera red horizontal, tan opuesta al individualismo romántico y a cualquier supuesta jerarquía de la historia de la música, capaz de homologar la artesanía a un verdadero sistema de valores y emociones que trascienden su época.  Así, el Barroco es en su esencia la música más compatible con el presente: el ajetreo urbano o la locura digital, pueden tener muy bien como telón de fondo los arranques de Vivaldi o los afectos monteverdianos; también la depresión y la sensación de vacío (como lo demuestran los textos que musicalizó Netti). Es el gran teatro del mundo, claro, del que hablaba Calderón y que el Barroco, momento en que la vida y lo teatral, lo sonoro y lo pictórico se fusionaron con tal consistencia en una poética de lo existente -herencia del humanismo renacentista- que hoy Orlinski e Il Pomo d’Oro la pueden recrear y actualizar para nosotros casi sin esfuerzo aparente.

No en vano el programa que ofrecen se llama Beyond… (Más allá….) , porque Orlinski sabe correr todos los límites. No sólo canta con innumerables matices y fraseos expresivos, sino que baila, actúa, hace acrobacias sin agitarse (¡a sus treinta y cinco años!), juega con su capa, recorre la platea con una luz que nos remite al chiaroscuro de Caravaggio, hacer reír -y llorar- y explota los temas finales -escatológicos, diríamos, en el doble sentido del término- que el siglo XVII no esquivaba, como el de hoy, sino que miraba de frente.

Hay una cuidada producción en cada paso del artista, tanto como en el toque de los músicos de Il Pomo d’Oro, virtuosos sin atenuantes, desde el violín de Alfia Bakieva hasta la tiorba de Miguel Rincón. Hubo algún guiño a lo popular (pero ¿cómo distinguirlo de una música sin pretensiones académicas?), un perfume de “Por una cabeza” (?) en medio de un programa bien anclado en su tiempo -el Seicento- y bises de Boretti, Cavalli, Orlandini y Sartorio que generosamente los artistas regalaron a un público entregado por completo.

Lo que Orlinski e Il Pomo d’Oro hacen -como lo probó ya el mismo conjunto con la propuesta de Edén y Joyce DiDonato-, acaso sea el concierto del futuro. Una sinestesia que cruza lo sonoro con lo teatral y lo visual, en un segmento sin intervalos que se plantea como una experiencia inmersiva de alto vuelo, más allá de todo truco tecnológico, arraigada muy adentro de la existencia humana. En suma, y de nuevo: el gran teatro del mundo, hecho música.

Daniel Varacalli Costas

 

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